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Un buen amigo puede no ser un buen socio

Cómo emprender con el amigo y preocuparse sólo del desarrollo técnico puede acabar con todo.

Por Claudio 19 de Agosto de 2016

Renuncia

Hace algún tiempo tuve la excelente idea -siempre parecen excelente al principio-, de empezar oficialmente mi vida de emprendedor. Renuncié a mi trabajo por las típicas razones: poco tiempo, poca plata, diferencias estratégicas con los jefes y un poco de falta de movimiento.

Equipo de trabajo

Así es que, una vez que concreté mi renuncia -y después de llorar un poco- tuve una segunda genial idea: motivar a mi mejor amigo para emprender juntos! Al cabo de unas semanas habíamos comprado nuestros componentes electrónicos para diseñar un hardware que sería único en el mundo –supuestamente-, pero lo mejor de todo fue que nos formalizamos. ¡Ahora teníamos rut de empresa! De alguna manera ambos creímos que al formalizarnos, las facturas de venta se emitirían mágicamente… Total, teníamos al tremendo equipo de trabajo detrás de todo esto: mi mejor amigo y yo.

Primera venta

Luego de un gran tiempo de desarrollo, espera y muchas discusiones, tuvimos nuestra primera orden de compra. Creo recordar que gastamos prácticamente toda la plata celebrando, valía le pena.            

Pero pasado unas semanas empezamos a sentir muchas diferencias. Nos dimos cuenta que lo que habíamos ganado no cubría ni el 20% de todo el tiempo invertido. Entendimos que nuestro producto nadie lo compraría. Comprendimos finalmente que habíamos fallado estratégicamente. Inevitablemente nos empezamos a culpar y a criticar técnicamente a tal punto que ya no nos queríamos ver.

Ex amigo

¿Cuál fue el resultado de toda esta historia? La sociedad de desvaneció, nos repartimos las cosas que habíamos comprado, asumimos la pérdida, nos mandamos bien lejos cada uno, nos dejamos de hablar y obtuve como resultado un tremendo ex – amigo.

Mantén las probabilidades a tu favor

Luego de algunos meses, tiempo suficiente como para entender todo lo ocurrido, pude comprender algunas cosas: ¡nunca debí haber intentado hacer un negocio con mi buen amigo! Y no porque hacer un negocio con un amigo sea sinónimo de fracaso, conozco empresas exitosas fundadas por amigos, lo digo únicamente por un asunto probabilístico. La mayoría de los emprendimientos fracasan por problemas entre los socios, pero con mayor probabilidad fracasan aquellos que se ejecutan con amigos y familiares. Así es que una condición básica consistía en mantener las probabilidades a mi favor, pero no pude entenderlo entonces.

Busca un complemento

Sin embargo, no fue lo único que comprendí. Otro dato a considerar, además de ser grandes amigos, es que fuimos compañeros de carrera. Es decir, uno sabía más que el otro parcialmente, y entre los dos ninguno sabía cosas distintas. No éramos de ninguna manera un equipo complementario. No teníamos ninguna diferencia técnica sustancial. Así es que entendí que mi socio era un espejo técnico.

La importancia del equipo de trabajo

¿Cuál es la moraleja de todo esto? Un buen amigo tiene que seguir siendo un buen amigo, tal vez pueda ser un buen socio, pero es muy probable que no lo sea. Nos busques tu equipo de trabajo únicamente en tus amistades. Y si quieres emprender con tu amigo, procura formar un equipo complementario. Y con mi amigo… Nos prometimos a nunca más intentar hacer negocios juntos. Él actualmente es un tremendo profesional, y yo sigo haciendo negocios positivos con tremendos equipos de trabajo, y más de alguno de ellos se han convertido en buenos amigos para mí.